INTRODUCCIÓN
La obra literaria de Medardo Ángel Silva, en las dos primeras décadas del siglo XX ecuatoriano, nos habla de la presencia de una voz lírica curiosa: se trata de un escritor jovencísimo de extracción popular, que no ha podido terminar su educación secundaria, huérfano de padre desde temprana edad, inmerso en el mundo del trabajo, y que, sin embargo, es capaz de configurar uno de los universos literarios más singulares no solamente en lo que atañe a su poesía sino, además, en sus crónicas en prosa. Por tanto, en la presente investigación se busca reconocer y destacar aquellos elementos de la vida social que hicieron posible que Silva sostuviera su talento literario desde una voluntad de modernidad permanente. La motivación principal de este estudio parte de la pregunta que un crítico contemporáneo de Medardo Ángel Silva se hizo en 1916: “¿De dónde vino Silva?”1. La respuesta no se la encontrará si se le endilga a Silva una supuesta genialidad sino, más bien, en el dar cuenta de los referentes culturales y simbólicos que él disponía en su niñez y juventud, del ambiente intelectual y las enseñanzas que recibió de sus maestros en el Colegio Vicente Rocafuerte, del espacio altamente motivador que generó la aparición de El Telégrafo Literario en 1913 y 1914, de las posiciones de ruptura que otros literatos ya habían ganado para la cultura, y del impacto de revistas literarias y culturales de matriz moderna que aparecieron desde 1896 (Balseca, 2009).

DESARROLLO
El gran poder que la sensibilidad de Silva obtuvo sobre su ciudad natal, ex-plorando
algunos de los principales sentimientos que le permitieron alcanzar un lugar paradigmático dentro de los linderos autoreflexivos de Guayaquil. Propone que varias generaciones de guayaquileños han utilizado a Silva como un espejo de múltiples niveles para reflejar sus complicadas imágenes de ausencia, pesadillas coloniales y las formas institucionales de un rechazo civilizador.
El país había heredado de la Corona española (antiguo Imperio) sus prejuicios y su estructura social: una élite social había crecido ejerciendo su dominación sobre un pueblo mestizo. Las riquezas provenían de los latifundios de cacao y café que se exportaban como materia prima.Paralelamente, el clero católico junto con la oficialidad militar se había asociado con la banca para ejercer el control social. Esto llevó al surgimiento de una figura que pasó a ser legendaria: Eloy Alfaro, un militar alzado que en 1895, tres años antes de nacer Medardo, se convirtió en jefe supremo de Ecuador, líder de los movimientos campesinos y gran transformador social y político de su país (Pecolde, 2007).
El hombre, sucio y vil de tanta miseria; era, no más que una falsa representación del hombre moral y bueno, del prototipo perfecto de ser racional y noble, ese espíritu que se mueve, dentro de la coraza estrecha, llamada corazón, tenía sus perversiones, sus miedos, sus desenfrenos y sus impurezas; la poesía romántica, hasta entonces venida de España, Alemania y de Inglaterra, con exponentes como Bécquer, Espronceda, Lord Byron, Goethe, no hicieron sino, tan solo describir estas pasiones, estos desenfrenos impúdicos, ocultos en la psiquis más honda del hombre; personajes como Werther, un ser turbado, solo pudo acercarse levemente alcorazón.Lascuestionesnetamenteartísticasybellasdebentenerunadosisletaly vital de maldad, de perversidad, de desenfreno. Lo grotesco y lo bello forman en sí, para los poetas malditos, la canalización para su poesía. Fue Paul Verlaine, quien de signó al grupo renovador de aquel entonces, como “los poetas malditos”, éste, ya para entonces había tenido una vida penosa y turbulenta; se sabe de su relación, en comunión con Arthur Rimbaud, relación amorosa, que sacudió los cimientos de la sociedad obnubilada en ese manto de puritanismo y religiosidad.
Un libro publicado en 1929 -diez años después de la desaparición física de Silva-por el Concejo Cantonal de Guayaquil, destinado a subrayar el carácter metropolitano de la ciudad, me permite ejemplificar esta preocupación, pues allí se presenta una serie de fotografías que quiere evidenciar el carácter nuevo de la metrópoli de la ciudad de Guayaquil. Es interesante, a fin de me-dir el verdadero alcance de esta modernidad, el hecho de que uno de los lo-gros más significativos que se registra es el avance de los trabajos para el saneamiento de Guayaquil; allí se ve, en medio de los edificios de las primeras décadas ahora ya casi totalmente desaparecidos, poderosas máquinas que trabajan en las calles, y el pie de foto que dice que «se hallan en ejecución las grandes obras del alcantarillado y pavimentación». El puerto, años atrás, había sido azotado por las pestes, en particular la de la fiebre amarilla, y por el gran incendio de 1896 que destruyó casi las dos terceras partes de la ciudad.
En el caso del modernismo que se expresó justo en el cambio de siglo del XIX al XX en el Ecuador, la figura de Medardo Ángel Silva puede ser consi-derada también como la de un «raro»; mas aquí se trata, primordialmente, no de una rareza en el sentido en que la pensó Darío sino de una que evidencia una posición del escritor y que nos permite una primera aproximación a un autor que –en el ámbito local-ha sido considerado uno de los pilares fun-damentales de la poesía del siglo XX en el Ecuador. La rareza de Silva está da-da por algunas situaciones en que se vio envuelta su obra y su vida. Un hecho especial se nos hace patente si observamos su radical disfuncionalidad como artista –e intelectual-con respecto a la norma en la que se desenvolvió la mayoría de poetas modernistas ecuatorianos. En el Ecuador de la década de 1910, el acto de asumir la escritura modernista suponía el posicionamiento del autor con respecto no solo a una «moda» literaria sino también en relación a una clase y a la necesidad de plasmar un determinado mundo de ideales; este es un rasgo distintivo de la poesía modernista ecuatoriana que confiaba en es-ta expresión literaria también como un modo de resistir al creciente impacto de los valores, los ideales y la simbología de las clases medias que -veinte años atrás con la revolución liberal-había conquistado nuevos espacios para el gusto estético y su sola presencia redefinía el papel de las artes poéticas. Silva, el más destacado de la tendencia según casi todos lo escasos estudios que hay sobre el período, fue el único autor relevante del movimiento modernista que no perteneció a la aristocracia de Quito o de Guayaquil. Este particular rasgo biográfico contrasta con la del resto de modernistas y quizás sea un elemento que haya que explorar más intensamente a fin de lograr una interpretación plena en torno a esta relación de vida y poesía. Sin embargo, su actitud mental ha sido vista como la de un aristócrata; Adoum señala que: «Incluso Sil-va, de extracción humilde, adhirió a esa actitud aristocrática de su generación, que parece propia del modernismo. (No fue, también en eso, su modelo Rubén Daría, «el indio chorotega con manos de marqués?»». lo Pero el asunto es que este apego aristocratizaste no solo le permite colocarse a la altura de los otros modernistas sino que evidencia en él un afán de poner al espacio provincial al ritmo de los tiempos más modernos. La fuga, entonces, buscaba reinsertar el espacio nacional, local, a un ámbito de realidades más universales que Sil-va hallaba que debían formar parte de la realidad del Ecuador (Ferrin, 2011).
CONCLUSIONES
- Silva y su madre como la mayoría de los hombres guayaquileños fueron increíblemente cercanos, una relación marcada desde muy temprano por la muerte del padre de Silva cuando era todavía un niño y la suerte que Silva debió tomar con la responsabilidad económica de su familia.
- Quizás bajo tales condiciones, el suicidio no sería tan exitoso puesto que todavía sirve para marcar la muer-te, por ser una forma consiente de morir. El suicidio también provee un mínimo de control sobre la vida de uno mismo y, por lo tanto, es la más no-chola de las características existenciales: vivir la vida de uno como si se tratara de un individuo libre y, así, decidir sobre su propio futuro social.
Bibliografía
Balseca, F. (2009). Los modernistas portuarios: la otra lírica de Guayaquil . Obtenido de http://www.uasb.edu.ec/UserFiles/File/los%20modernistas%20portuarios%20fernando%20balseca.pdf
Balseca, Fernando . (2003). Medardo Ángel Silva: un raro de la lírica modernista ecuatoriana. Revista Andina de Letras, 107-140.
Benavides, Hugo. (2007). Medardo Ángel Silva: las voces inefables y ser cholo en Guayaquil. Ciencias Sociales, 107-117.
Ferrin, M. (2011). MEDARDO ÁNGEL SILVA: UN RARO DE LA ÚRICA MODERNISTA ECUATORIANA . Obtenido de http://repositorio.uasb.edu.ec/bitstream/10644/1576/1/RK-14-ES-Balseca.pdf
Pecolde, P. (2007). ICON OS REVISTA DE CIENCIAS SOCIALES . Obtenido de http://repositorio.flacsoandes.edu.ec:8080/bitstream/10469/628/7/RFLACSO-I27-09-Benavides.pdf




